¿Sabes cuales son los problemas solubles? (3/5)

Me gusta este tema porque me gustan los desafíos. A lo mejor es poco apetecible, pero muy presente. Hay problemas de menos importancia, que se repiten todos los días, y otros que tienen más peso. De repente aparecen y nos plantean dilemas, y ya que hay que aceptar su compañía, os propongo que aprendamos a enfrentarlos de la mejor manera posible.

El Dr. Gottmann nos indica que existen dos tipos de conflictos: solubles e insolubles. ¿Sabíais que un 69% de los problemas matrimoniales son insolubles? Por mucho que no queramos aceptarlo, la mayoría de los problemas no tienen solución. Con esta indicación, os planteo aprender a distinguirlos y plantarles cara con una buena actitud.

La mayoría, es decir los problemas insolubles, conciernen a temas muy personales (emociones, personalidad…), son intensos, probablemente existe un conflicto subyacente, suelen estancarse y también repetirse a menudo. Por ejemplo, uno quiere tener hijos y el otro no, uno quiere educar a los hijos según su religión y el otro es agnóstico, uno quiere tener sexo con más frecuencia y para el otro es demasiado.

Si no hay problemas, no hay beneficios. Nada que tenga valor está privado de obstáculos.

Por otro lado, los problemas solubles suelen ser mucho menos intensos, menos profundos, más circunstanciales (un dilema, una situación particular…) y no existe ningún conflicto subyacente. Los más típicos están relacionados con tareas domésticas, familia política, estrés, dinero o hijos.

No sé si vosotros os habéis planteado alguna vez los problemas en estos términos, pero para mi desde luego ha sido un descubrimiento. Si reconoces la categoría del problema estaréis mejor preparados para enfrentaros a él. El Dr. Gottmann sugiere cinco pasos (en este orden) para plantar cara a los problemas solubles:

  1. Suavizar el planteamiento
  2. Aprender a ofrecer y recibir intentos de desagravio
  3. Tranquilizarte tú mismo y a tu pareja
  4. Llegar a un compromiso
  5. Ser tolerante con los defectos del otro

Para mi, el primero, suavizar el planeamiento, parece el más crítico. Dicen que todas las discusiones acaban con el mismo tono en que empezaron. Así que si lo planteamos bien, con suavidad, sin críticas, desprecios, ni elevar la voz, es probable que vaya a ser un buen diálogo o discusión. Empezar con buen pie es un consejo muy practico.

La aceptación de la realidad, el hecho de que los problemas son una parte constante en nuestras vidas, es un primer paso que a mi aun me cuesta. Pero ahora empiezo a enfocarlo de otra manera. Un problema significa una oportunidad: permite buscar caminos diferentes, aprender algo nuevo, enfrentar desafíos, cambiar rutinas… Un movimiento constante que nos cambia la dinámica con el fin del crecimiento y acercamiento en vuestro matrimonio.

Palabras clave: suavizar, aceptar, reconocer.

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Articulo inspirado en el libro “Siete reglas de Oro para vivir en pareja” (Dr.Gottman y Nan Silver)
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