La desdibujada cara del amor

Si me preguntáis por las tendencias que mueven nuestra sociedad hoy en día, destacaría sin duda alguna dos: sensacionalismo e inmediatez. Y no hace falta ir muy lejos para encontrar dónde las vemos. Es tan sencillo como leer o escuchar las noticias, echar un vistazo en las redes sociales, o pensar en la gestión que hacemos de nuestro tiempo.

Queremos vivir con intensidad, disfrutando de todo lo que pueda estar a nuestro alcance, y reducir al mínimo el tiempo perdido. Hacer las compras online, apuntarnos a todo lo que nos apetezca, asistir a todas las fiestas y viajes… el famoso “miedo a no perder nada”.

Reconozco que es muy difícil ser inmune a las noticias que te llegan sí o sí (porque nosotros, a pesar de no tener tele en casa, nos enteramos por los grupos de WhatsApp, o a la hora del café en el trabajo).

Hoy en día ese punto de sensacionalismo hace que todo sean noticias inolvidables, indignantes, tremendas o increíbles. Estamos expuestos a un grado de sentimentalismo muy fuerte y es complicado quedarse afuera. Más que nunca parece que nos importan todas las desgracias del mundo y no sabemos ni por donde empezar para sentir todas las penas. Creo que es muy agobiante.

Lo peor es que estas dos tendencias, sensacionalismo e inmediatez, contagian también otro aspecto de nuestra vida: las relaciones. Por culpa de la sobredosis de sentimientos e inmediatez se nos ha desdibujado el significado del amor.

Está claro que el amor, entre otras cosas, es un sentimiento. Pero sobre todo es un acto de querer el bien del otro. Si nos quedamos en lo sentimental e inmediato, en el enamoramiento y el afecto, condenamos el amor al fracaso. Para que el amor tenga realmente un significado hace falta activar esa acción de querer el bien, es decir, aplicar la voluntad, sin la que no seríamos capaces de seguir adelante con nuestros compromisos.

 Nada es difícil si hay voluntadEnrique Rojas

Teniendo metas pero sobre todo objetivos, seremos capaces de cumplir con lo que nos importa, dar una dirección concreta y determinar los pasos necesarios para invertir en lo que queremos.

Si realmente nos importa el bien del otro, si lo deseamos para la persona más importante de nuestra vida, lo que debería movernos (aparte de sentimientos y enamoramiento) son las metas y objetivos que pongamos si añadimos voluntad a lo que más importa en nuestras vidas, el amor.

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